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Cruceros Torre del Oro Sevilla desde el Guadalquivir

Corpus Christi Sevilla 2026: guía completa

El Corpus Christi es la última de las grandes celebraciones de Sevilla antes del verano. En 2026 se celebra el jueves 4 de junio, y es festivo local en la ciudad, lo que significa que buena parte de los sevillanos saldrá a la calle para vivir una procesión que tiene más de seis siglos de historia, con un cortejo de cerca de 4.000 personas, nueve pasos y una de las piezas de orfebrería más valiosas de España: la Custodia de Arfe. Si visitas Sevilla en estas fechas, merece la pena conocer qué se celebra, cómo funciona y qué vas a ver en la calle.

El origen del Corpus Christi

La fiesta del Corpus Christi nació en la Baja Edad Media. Su impulsora fue Santa Juliana de Cornillon, una mística belga que en 1208 tuvo una visión en la que interpretó que faltaba una festividad específica dedicada al cuerpo de Cristo en el calendario de la Iglesia. La idea tardó décadas en materializarse: fue el Papa Urbano IV quien en 1264 instituyó oficialmente la festividad, fijándola para el jueves posterior a la solemnidad de la Santísima Trinidad, sesenta días después del Domingo de Resurrección.

En 1311, el Papa Clemente V reguló el cortejo procesional en el Concilio de Vienne; en 1447, Nicolás V fue el primero en sacar la procesión a las calles de Roma. A partir del Concilio de Trento en el siglo XVI, la festividad adquirió aún más relevancia como elemento central de la Contrarreforma católica frente al protestantismo.

En Sevilla, el Corpus Christi se consolidó también en el siglo XIV y llegó a ser, durante el Siglo de Oro, la celebración más importante de la ciudad, por encima incluso de la Semana Santa. Hoy Sevilla es una de las tres capitales españolas, junto a Granada y Toledo, que mantienen el jueves de Corpus como festivo local, una decisión que el Ayuntamiento adoptó en 1989 cuando la Conferencia Episcopal trasladó la festividad al domingo siguiente para facilitar la conciliación laboral.

La procesión: el cortejo más largo de Sevilla

La procesión del Corpus Christi parte de la Catedral de Sevilla a primera hora de la mañana, una vez terminada la Santa Misa. Su cortejo incluye representantes de todas las hermandades de la ciudad, no solo las de Semana Santa, también las de Gloria y las sacramentales; las Órdenes Militares, los Maestrantes, el clero, las autoridades civiles y militares y un regimiento militar. En total, cerca de 4.000 personas recorren las calles del centro histórico en una procesión que tarda aproximadamente dos horas en pasar.

Los nueve pasos que forman parte del cortejo incluyen imágenes de Santa Ángela de la Cruz, Santa Justa y Rufina, San Leandro, San Isidoro, San Fernando, la Inmaculada Concepción, el Niño Jesús del Sagrario y una pequeña custodia con la Santa Espina, que anteceden a la gran protagonista de la jornada: la Custodia de Arfe. El recorrido pasa por la Plaza de San Francisco, la calle Sierpes y la Avenida de la Constitución, y las calles se decoran para la ocasión.

La Custodia de Arfe: la joya de la procesión

El elemento más importante de la procesión es la Custodia de Arfe, una de las piezas de orfebrería más valiosas del patrimonio español. Fue realizada por el platero Juan de Arfe en la segunda mitad del siglo XVI, entre 1580 y 1587, por encargo del Cabildo de la Catedral de Sevilla. Está fabricada en plata de ley y tiene una altura de casi tres metros, con una estructura de cinco cuerpos de estilo plateresco que combina elementos góticos y renacentistas. Durante la procesión, la custodia va sobre unas andas portadas a hombros, y en su interior se coloca el Santísimo Sacramento.

custodia de arfe del corpus christi de sevilla

Una de las novedades del Corpus 2026 es que la custodia vuelve a ir en andas portadas por costaleros, recuperando una tradición que había estado suspendida. El cartel oficial de este año, obra del fotógrafo Jaime Rodríguez Fernández, refleja precisamente ese regreso: costaleros bajo la Custodia, casi cien años después de la última vez que se hizo.

El baile de los Seises: una tradición del siglo XVI

Uno de los momentos más singulares y recordados del Corpus sevillano es el baile de los Seises. Los Seises son un grupo de niños de entre seis y diez años, vestidos con trajes barrocos de rojo y oro, que bailan y tocan las castañuelas ante el Santísimo Sacramento en el altar mayor de la Catedral, justo después de la Eucaristía, antes de que comience la procesión. Este baile arranca en torno a las 10:10 de la mañana y es uno de los pocos días del año en que los Seises actúan en la calle.

La tradición tiene su origen en el Renacimiento: los Seises nacen de la práctica medieval de los niños cantores y danzantes de la Iglesia, y en origen también cantaban, aunque con el tiempo la danza fue el único elemento que se conservó. Es una de las tradiciones que Sevilla mantiene prácticamente intactas desde el siglo XVI, y asistir a ella es una experiencia que no tiene equivalente en ninguna otra ciudad española.

foto antigua de los seises de sevilla

Las portadas del Corpus Christi 2026

Como cada año, la Plaza de San Francisco se engalana con dos portadas ornamentales que sirven de pórtico al paso del cortejo. En 2026, el Ayuntamiento de Sevilla ha dedicado estas estructuras a dos hermandades que celebran efemérides importantes.

La portada situada junto a la Avenida de la Constitución rinde homenaje a la Hermandad de la Virgen del Amparo, con motivo de la Coronación Canónica de su titular, prevista para el 8 de noviembre en la parroquia de Santa María Magdalena. El diseño toma como referencia la espadaña de esa misma parroquia, que es la sede de la hermandad.

La portada más cercana a la calle Sierpes homenajea a la Hermandad de Montserrat, que celebra su 425 aniversario fundacional, y está inspirada en el pórtico de acceso a la capilla de esa corporación. Ambas han sido diseñadas por José Manuel Peña Jiménez, delineante de Fiestas Mayores del Ayuntamiento.

portada del corpus sevilla 2026

Cómo completar la visita con Cruceros Torre del Oro

El Corpus se celebra el 4 de junio, ya en pleno inicio del verano sevillano, cuando el Guadalquivir luce en todo su esplendor y un paseo en barco es una forma perfecta de completar la jornada. Nuestros cruceros diarios salen desde la Torre del Oro y permiten ver Sevilla desde el río durante aproximadamente una hora, con audioguía incluida en varios idiomas.

Es una manera diferente y tranquila de disfrutar de la ciudad después de la procesión, o de aprovechar las horas en las que las calles del centro están cortadas para descubrirla desde el agua.

El Corpus Christi 2026 reúne en un solo día todo lo que hace especial a Sevilla: una procesión con siglos de historia, una pieza de orfebrería única en el mundo, una danza que se repite desde el Renacimiento y unas calles engalanadas que huelen a romero desde la noche anterior. Si tienes la oportunidad de vivirlo, no lo dejes pasar.

El Parque Nacional de Doñana

El Parque Nacional de Doñana es uno de los espacios naturales más importantes de Europa y, sin duda, el más valioso de España. Situado a menos de una hora de Sevilla, en la desembocadura del Guadalquivir, este parque protege un territorio único donde conviven marismas, dunas, pinares y playas vírgenes, formando un ecosistema de una riqueza biológica excepcional. Más de 300 especies de aves, el lince ibérico, el águila imperial y miles de especies animales y vegetales encuentran aquí uno de sus últimos refugios en Europa. Si visitas Sevilla y te interesa la naturaleza, Doñana es una visita que no debería faltar en tu itinerario.

¿Dónde se sitúa Doñana?

El Parque Nacional de Doñana se sitúa en la margen derecha de la desembocadura del río Guadalquivir, en el extremo suroccidental de Andalucía. Su territorio se reparte entre las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, y ocupa una superficie de más de 122.000 hectáreas que incluyen tanto el Parque Nacional —declarado en 1969— como el Parque Natural que lo rodea, creado en 1989 para ampliar su zona de protección.

Su posición geográfica es uno de los factores que explican su extraordinaria riqueza natural. Doñana está situada al sur de Europa, muy cerca de África, en el cruce de rutas migratorias entre los dos continentes. Las aves que se desplazan entre Europa y África cada año encuentran en las marismas del Guadalquivir un lugar clave para descansar, alimentarse e invernar. Algunos años la concentración de aves acuáticas en el parque supera los 500.000 individuos.

El Guadalquivir es el límite oriental del parque y la vía de agua que ha modelado su paisaje a lo largo de los siglos. Los sedimentos que el río fue depositando al llegar al Atlántico crearon con el tiempo la barrera arenosa y los humedales que hoy forman el parque. Sin el Guadalquivir, Doñana no existiría tal como la conocemos.

¿Qué significa la palabra Doñana?

El nombre Doñana tiene su origen en el siglo XVI y proviene de Doña Ana de Silva y Mendoza, esposa del séptimo duque de Medina Sidonia. Esta familia nobiliaria era propietaria de estas tierras, que utilizaban como coto de caza privado, y Doña Ana residía en un palacio construido dentro del territorio. Con el tiempo, el lugar pasó a conocerse popularmente como el coto de Doña Ana, denominación que fue acortándose con los siglos hasta llegar a la forma actual: Doñana. El nombre aparece documentado por escrito por primera vez en 1599.

Existe también una versión alternativa que atribuye el nombre a una tal Ana de Mallarte, una mujer de carácter que introdujo su ganado en estas tierras en el siglo XVIII y cuyo hato terminó siendo conocido como el hato de Doña Ana. Esta teoría tiene defensores entre los historiadores, aunque la versión relacionada con la familia ducal de Medina Sidonia es la más extendida y aceptada.

Un mosaico de ecosistemas

Lo que hace de Doñana un lugar singular es la variedad de paisajes y ecosistemas que conviven en un territorio relativamente compacto. En pocas decenas de kilómetros se encuentran marismas, dunas móviles, pinares, bosques de alcornoques, lagunas de agua dulce, playas vírgenes y la zona llamada la vera, una franja intermedia entre la arena y la arcilla donde el agua aflora durante todo el año y la concentración de vida es especialmente alta.

Las marismas son el ecosistema más extenso y representativo del parque. En invierno, cuando las lluvias las inundan, se convierten en el mayor humedal de Europa occidental, con una concentración de aves acuáticas que no tiene equivalente en el continente. En verano, cuando el agua se retira, el paisaje cambia radicalmente y la marisma queda como una llanura seca y agrietada. Esa alternancia estacional es precisamente lo que genera tanta diversidad de especies.

Las dunas móviles son otro de los elementos más característicos de Doñana. Son masas de arena que el viento desplaza lentamente hacia el interior a razón de varios metros al año, cubriendo la vegetación a su paso. Junto a ellas, los pinares y los bosques de alcornoque ofrecen refugio a los grandes mamíferos del parque, incluidos el lince y el águila imperial.

La fauna de Doñana: lince ibérico, águila imperial y más de 300 especies de aves

Doñana es el espacio natural con mayor biodiversidad de Europa. Más de 300 especies de aves han sido registradas en su territorio, de las que casi 130 se reproducen habitualmente en el parque. A ellas se suman 37 especies de mamíferos, 21 de reptiles, 11 de anfibios y 20 de peces de agua dulce, además de miles de especies de invertebrados todavía sin catalogar completamente.

Pero si hay dos animales que representan el alma de Doñana, esos son el lince ibérico y el águila imperial ibérica. El lince es el felino más amenazado del planeta, y Doñana alberga una de sus últimas poblaciones en tierras llanas a nivel del mar. Su imagen, esquiva y elegante entre los matorrales de jara y lentisco, es el emblema indiscutible del parque. El águila imperial ibérica, endémica de la Península, comparte ese estatus de especie excepcional y amenazada que convierte a Doñana en refugio imprescindible. Ver ambos en libertad, en su hábitat natural, es una experiencia que muy pocos rincones del mundo pueden ofrecer.

Doñana desde el Guadalquivir: la perspectiva del río

El acceso al interior del Parque Nacional de Doñana está regulado y requiere visitas guiadas autorizadas: es un espacio protegido que se visita con guías especializados para minimizar el impacto sobre el ecosistema. Pero hay una forma de contemplar Doñana sin necesidad de adentrarse en él: desde el río.

Nuestros cruceros hasta Sanlúcar de Barrameda navegan por el tramo final del Guadalquivir, el mismo tramo que forma el límite oriental del parque. Durante el recorrido, la margen izquierda del río va mostrando el paisaje de marismas y pinares de Doñana: las dunas visibles a lo lejos, las bandadas de aves sobrevolando los humedales, la orilla natural que contrasta con la ciudad que se fue quedando atrás. Es una perspectiva diferente a la de cualquier visita terrestre, y una manera cómoda de hacerse una idea real de la escala y la belleza de este espacio natural.

Bartolomé Esteban Murillo: el pintor que hizo de Sevilla la capital del barroco español

Hay ciudades que producen artistas, y hay artistas que producen ciudades. Murillo pertenece a esta segunda categoría. Nació en Sevilla, vivió casi toda su vida en Sevilla, pintó para sus iglesias y conventos, retrató a sus gentes, captó la luz de sus callejuelas y murió en uno de sus barrios más emblemáticos. Hoy su nombre aparece grabado en plazas y jardines de la ciudad, sus cuadros cuelgan en los museos más importantes del mundo, y su figura sigue siendo, casi tres siglos y medio después de su muerte, uno de los grandes orgullos de la capital andaluza.

¿Quién era Murillo?

Bartolomé Esteban Murillo nació en Sevilla en los últimos días de 1617 y fue bautizado el 1 de enero de 1618 en la parroquia de Santa María Magdalena. Era el menor de catorce hermanos, hijo de un barbero-cirujano de posición acomodada y de una madre que provenía de familia de plateros y que contaba entre sus parientes con algún pintor. Con apenas nueve años quedó huérfano de padre y madre en el plazo de seis meses, y fue su hermana Ana quien se hizo cargo de él.

Comenzó su formación artística en el taller de Juan del Castillo, pariente por vía materna, donde aprendió los fundamentos del oficio durante varios años. La Sevilla en la que creció era una ciudad en pleno esplendor: el oro de América llegaba al puerto del Guadalquivir, la ciudad hervía de comercio, cultura y arte, y era uno de los focos culturales más vibrantes de toda Europa. Murillo absorbió todo eso y lo transformó en pintura.

En 1645 contrajo matrimonio con Beatriz Cabrera y Villalobos y recibió su primer encargo de importancia: una serie de trece lienzos para el claustro del Convento de San Francisco de Sevilla que le dieron de golpe una reputación que ya no dejaría de crecer. Tuvo diez hijos, de los cuales varios murieron en la infancia, pérdidas que marcaron profundamente su sensibilidad y que explican en parte la ternura con la que retrató siempre a los niños, tanto en escenas religiosas como en aquellas pinturas costumbristas de pilluelos y mendigos que aún hoy siguen sorprendiendo por su modernidad y su humanidad.

autorretrato de Murillo

En 1660, junto con Francisco de Herrera el Mozo, fundó la Academia de Bellas Artes de Sevilla, de la que fue su primer presidente. La academia reunía a artistas para que pudieran estudiar y dibujar del natural, elevando el nivel técnico y expresivo de la pintura sevillana. En ese mismo período, Murillo se convirtió en el primer pintor de la ciudad, superando en fama y encargos incluso a Zurbarán. Sus obras llegaron a las principales iglesias y conventos de Sevilla, a las casas de las familias más nobles y a colecciones privadas de toda Europa. El rey Carlos II llegó a ofrecerle trasladarse a Madrid como pintor de corte, una oferta que Murillo rechazó: su ciudad era Sevilla y de Sevilla no se movía.

Técnicamente, su evolución fue tan notable como constante. De los primeros trabajos de influencia naturalista pasó al pleno barroco, incorporando influencias flamencas y venecianas que asimiló en parte a través de su visita a Madrid en 1658, donde pudo contemplar las colecciones reales con obras de Tiziano, Rubens y Van Dyck. En su etapa final desarrolló una pincelada suelta y luminosa, con figuras difuminadas en atmósferas casi etéreas, que algunos historiadores consideran una anticipación del rococó y que otros ven ya como un preludio del impresionismo. La luz y el color son los dos grandes pilares de su pintura, y en ambos alcanzó cimas que pocos artistas de su tiempo igualaron.

¿Cuál es la obra más importante de Murillo?

La obra más importante de Murillo es, sin duda, la conocida como Inmaculada Concepción de los Venerables o Inmaculada de Soult, pintada hacia 1678 y conservada hoy en el Museo del Prado de Madrid. Se trata del cuadro más monumental e impresionante de todos los que Murillo dedicó a este tema a lo largo de su carrera, una obra que fue considerada a mediados del siglo XIX como una de las más importantes creaciones de toda la historia del arte.

El cuadro fue encargado por el canónigo Justino de Neve para la iglesia del Hospital de los Venerables Sacerdotes de Sevilla. Representa a la Virgen María vestida de blanco y manto azul, con las manos cruzadas sobre el pecho, pisando la luna y con la mirada dirigida al cielo, rodeada de un coro de ángeles en espiral. La composición, el uso de la luz y la profundidad emocional de la imagen la convierten en la expresión más lograda de una iconografía que Murillo cultivó durante toda su vida y que acabó haciendo completamente suya.

Inmaculada Concepción de los Venerables de Murillo

La historia posterior del cuadro no hace sino añadir capas a su leyenda. Durante la invasión francesa, en 1813, el mariscal Soult —un conocido expoliador del arte sevillano— se llevó el lienzo a París junto con otras obras de Murillo. A la muerte del mariscal, en 1851, el cuadro fue vendido en subasta pública y adquirido por el Museo del Louvre por 615.300 francos de oro, la cantidad más elevada jamás pagada por una pintura hasta ese momento. El dato habla por sí solo de la consideración que Europa tenía entonces por Murillo. En 1941, la obra regresó a España mediante un intercambio con el gobierno francés y pasó al Museo del Prado, donde hoy puede contemplarse.

Pero si la Inmaculada de los Venerables es el pináculo de su carrera, sería un error reducir a Murillo a una sola obra. Durante su prolífica vida pintó alrededor de veinte versiones distintas del tema de la Inmaculada Concepción, además de series completas para la iglesia de Santa María la Blanca, el Hospital de la Santa Caridad o el convento de los Capuchinos. Y junto a toda esa producción religiosa, cultivó también las escenas de género con una naturalidad y una ternura que todavía hoy resultan asombrosas: sus niños comiendo fruta, sus pilluelos jugando en las calles de Sevilla, sus escenas de mercado, son un documento visual único de la vida cotidiana de la ciudad en el siglo XVII.

¿Dónde está enterrado el pintor Murillo?

La muerte de Murillo está rodeada de una de esas historias que Sevilla guarda tan bien: mitad verdad, mitad leyenda. En 1681, trabajando en el retablo mayor para el convento de los Capuchinos de Cádiz, sufrió una grave caída desde el andamio que agravó una hernia intestinal que padecía desde tiempo atrás. Apenas unos meses después, el 3 de abril de 1682, fallecía en su casa del barrio de Santa Cruz, el barrio donde había pasado los últimos años de su vida y al que estaba profundamente ligado.

En su testamento, Murillo pidió ser enterrado en la antigua iglesia de Santa Cruz, parroquia a la que pertenecía como vecino del barrio. Sin embargo, durante la ocupación francesa de Sevilla, en 1810, el gobierno de José Bonaparte ordenó la demolición de la antigua iglesia de Santa Cruz como parte de un plan de reurbanización de la ciudad. El templo fue derribado y del solar surgió la plaza que hoy conocemos como Plaza de Santa Cruz. Los restos de Murillo quedaron sepultados bajo esa demolición, sin que desde entonces haya sido posible localizarlos con exactitud.

sagrada familia del pajarito de Murillo

Hoy, en la fachada oeste de la Plaza de Santa Cruz, una lápida colocada por la Academia de Bellas Artes de Sevilla en 1858 recuerda que en algún punto de ese lugar, donde estuvo la primitiva iglesia, descansan los restos del gran pintor sevillano.

Murillo en Sevilla: una ciudad llena de su huella

Aunque sus obras más célebres están repartidas por museos de medio mundo, Sevilla sigue siendo la ciudad de Murillo. Algunos de sus cuadros pueden verse en el Museo de Bellas Artes, uno de los más importantes de España. Su nombre aparece en los Jardines de Murillo, junto al Alcázar, y su estatua preside la Plaza del Museo, frente al edificio donde se conserva parte de su legado.

Si quieres conocer más sobre la ciudad en la que vivió Murillo, te recomendamos nuestro Pack Adventure de actividades turísticas en Sevilla. Con él tendrás el paseo en autobús turístico verde, nuestro paseo en barco por Sevilla, y visitas guiadas por el barrio Santa Cruz y Triana. ¡Te esperamos junto a la Torre del Oro!

Llevamos la Summer Tourism Party 2026 a Sanlúcar de Barrameda

Cruceros Torre del Oro celebra una nueva edición de su ya tradicional cita estival con el sector, convirtiendo esta jornada en el mayor reconocimiento del año para guías, operadores, comerciales e informadores turísticos

Sevilla, mayo de 2026. Cruceros Torre del Oro celebra un año más la Summer Tourism Party, el encuentro festivo y de reconocimiento que la compañía dedica íntegramente a los profesionales del turismo; a quienes trabajan cada día en primera línea, a pie de calle, para que cada visitante que llega a Sevilla encuentre una ciudad acogedora, orientada y con personalidad propia.

En esta edición, la compañía ha querido ir un paso más allá y proponer una jornada diferente, en un escenario que es en sí mismo un destino: Sanlúcar de Barrameda. La cita tendrá lugar el lunes 1 de junio de 2026, con salida en autobús desde la Torre del Oro.

Una jornada pensada para quienes hacen posible el turismo

La Summer Tourism Party nació con un propósito claro y sigue manteniéndolo en cada edición: reconocer el esfuerzo, la vocación y el sacrificio de quienes sostienen el turismo desde su base. Guías turísticos, operadores de calle, comerciales, informadores, recepcionistas y colaboradores del sector son los protagonistas de esta jornada; las personas que madrugan y trasnochan, que trabajan en festivos, que renuncian a su tiempo personal para que el turismo en Sevilla funcione con la calidad y la calidez que la distingue.

Como ha destacado en ediciones anteriores el director gerente de Cruceros Torre del Oro, Salvador Carrasco Artiaga, este tipo de celebraciones nacen de una convicción firme: «Hay otros encuentros institucionales, reuniones de directivos o responsables políticos, pero pocas ocasiones pensadas para quienes estáis en primera línea. Esta fiesta es para ellos, porque son parte importante del turismo en Sevilla».

Esa primera línea tiene un rostro cotidiano y exigente. Los guías que explican la ciudad con entusiasmo aunque lleven horas en pie bajo el sol de junio. Los comerciales y operadores que gestionan grupos, resuelven imprevistos y sonríen aunque estén agotados. Los informadores turísticos que se convierten en el primer contacto y el referente más cercano para el visitante que acaba de llegar y todavía no sabe bien dónde está. Son ellos la cara amable de Sevilla, su mejor representación.

La Summer Tourism Party es, en ese sentido, mucho más que una fiesta. Es un acto de reconocimiento y gratitud.

El itinerario: desde Sevilla hasta Sanlúcar de Barrameda

La jornada comienza a las 10:30 h. en la Torre del Oro, con salida en autobús hacia Sanlúcar de Barrameda. La primera parada del día será una visita a las bodegas Elías González, una empresa familiar que durante tres generaciones se dedica a la cosecha de sus propias viñas y a la cría de la Manzanilla. Los asistentes tendrán la ocasión de realizar un recorrido por sus instalaciones, descubrir los procesos de elaboración y degustar sus mejores vinos en su lugar de origen.

Tras la visita, el grupo se traslada a Bajo de Guía, el enclave marinero y gastronómico más representativo de Sanlúcar de Barrameda, donde embarca en el Luna de Sevilla. A bordo, una copa de bienvenida acompañada de aperitivos marca el inicio de la celebración.

La jornada gastronómica incluye un servicio de almuerzo y mesas de degustación en formato libre para quienes deseen prolongar la experiencia culinaria a su ritmo. A continuación, la celebración se traslada a cubierta con barra libre, animación musical a cargo de DJ y entrega de obsequios, todo ello con el estuario del Guadalquivir como marco natural, en el tramo que discurre entre Sanlúcar de Barrameda y el Parque Nacional de Doñana.

La jornada concluye con una cena ligera de cierre antes del atraque final, poniendo término a una experiencia que combina gastronomía, celebración y un entorno natural de especial valor paisajístico y medioambiental.

Diez horas en las que el sector turístico de Sevilla podrá ser el protagonista desde el otro lado.

Un evento que crece edición a edición

Desde su primera convocatoria, la Summer Tourism Party se ha consolidado como una cita de referencia en el calendario del sector turístico sevillano. En su edición de 2025 reunió a más de 280 profesionales a bordo de una de las embarcaciones de la compañía, reflejando el creciente reconocimiento que el evento ha ganado entre quienes trabajan en el turismo. Junto a la Winter Tourism Party, celebrada cada enero, este encuentro forma parte de un compromiso permanente de Cruceros Torre del Oro con las personas que hacen posible su actividad.

Con más de 40 años navegando el Guadalquivir, la compañía mantiene firme su convicción: el turismo es, ante todo, una actividad humana. Y las personas que lo sostienen merecen ser reconocidas, celebradas y homenajeadas. La Summer Tourism Party 2026 es una ocasión más para demostrarlo.